-¡Cómo llueve!, me estremece mirar la negrura del cielo, ¡y el río!, ¡cómo crece!, voy a encender la radio, espero que no se produzca otra inundación.
Se sienta en su rincón prederido, y con el tejido en las manos comienza a escuchar.
-¿Qué dicen?, ¡no puede ser!, nuevamente la furia de las revueltas aguas ganará la costa, arrasará con lo que encuentre a su paso. ¡NO!, (grita enojada), ésta vez bajo los brazos, no quiero repetir la pesadilla, levantar los artefactos eléctricos, sacar lo necesario, y buscar refugio en lugares mas altos.
-¡No más!, me tiraré en la cama, cerraré los ojos y me entregaré a Dios.
Así lo hace, se acuesta, sobre su pecho una foto de familia, se abraza a ella, los recuerdos estallan en su mente, rápidos como el agua en su incesante carrera.
Retorna a sus veinte años; cuándo llegó la tragedia al pueblo, se postuló para ayudar a los damnificados. Eran muchas las personas que debían ser evacuadas, fueron momentos de gran esfuerzo y dolor, tratando de dar contención, de poner a salvo a los más pequeños y ver como las humildes viviendas iban desapareciendo.
Luego de días de zozobra, al pasar el peligro, un grupo de socorristas, exhaustos por la tarea, se sentaron alrededor de un fogón improvisado. El mate fue compañero y testigo de anécdotas contadas.
De pronto, dos miradas se descubren, se apartan del grupo, comenzando un diálogo fluído.
Se sucedieron los días; se encontraban a orillas del río, entonces manso y tierno que les regalaba frescura, la amistad se adueñó de sus corazones.
Fue una noche, en que la luna los cubría con su hechizo, cuándo se sobresaltaron al unísono, sintieron los pies mojados, frio y calor les subió por los poros, temblaron las manos, las voces se hicieron susurro, *¡la inundación había vuelto!*, pero transformada en inundación de amor, que irremediablemente los arrastró hasta convertirlos en un sólo ser.
Fueron muchas las tempestades a lo largo de sus vidas, las de la naturaleza, y las de la fuerza del amor, y junto a ellas el deseo de dar vida.
Hoy está sola, su compañero siguió a la incontrolable creciente.
Los hijos se afincaron en lugares más prósperos.
Ella permanece allí, desafiando a la naturaleza,
Ahora, envejecida, se muestra indiferente, solamente quiere
recordar la dicha de haber vivido la mejor de las historis, quedándose esperando que las aguas la abracen en
el momento final...............(otoño) |