Amor fantasmal
Tras largos meses trabajando en el exterior, volvía al barrio, su querido Sur, de casas chatas, césped en las veredas, sueños de tango flotando en el aire. Anochecía, las primeras sombras recortaban figuras desiguales a través de la arboleda, y la ansiedad de la luna por asomar, se asemejaba a la suya por encontrarse con su amor fantasmal. Dejó las maletas en su cuarto, cambió de ropas, y salió presuroso. Plantado frente a la gran casona, la visión lo estremeció; postigos cerrados, no se divisaba luz alguna. En el jardín, flores mustias dormitaban su tristeza sobre la gramilla, postal de ausencia. Un joven que pasaba por el lugar lo apartó del letargo en que se encontraba diciéndole: - vio señor, se fue la bruja, y sabe, la pude ver, como tenía mi cámara a mano le saqué una foto, la tengo en mi bolso, ¿la quiere...? La tomó sin mirarla, vertiginosamente retrocedió en el tiempo, se detuvo en la mañana de un verano radiante, cuando un camión de mudanzas paró frente a la mansión. Desde su puerta podía observar los movimientos de las personas que se ocupaban de trasladar los lujosos muebles, hermosos sillones de pana roja, grandes espejos y fantásticos cuadros. Llamó su atención un piano que bajaban con gran cuidado. Le atraía pensar que a los nuevos vecinos les interesara la música; él pasaba su tiempo libre escuchando a grandes clásicos. Los ventanales lucieron volátiles cortinados blancos, donde el sol se entretenía pintando de dorados refulgentes. Las plantas lucían orgullosas flores de variados colores, y una pequeña fuente vertía agua cristalina en suave cascada. Al correr de los días, la intriga iba en aumento por conocer a los dueños de casa; sólo una señora, presumiblemente la empleada, salía a barrer la vereda y mantener impecable el frente de la misma. Los vecinos comentaban que allí vivía una mujer sola, misteriosa, que no se dejaba ver, cuando lo hacía, usaba un pequeño sombrero con un velo que le cubría el rostro, por lo cual la apodaron la bruja. Todas las mañanas al pasar por el lugar, tenía la sensación de que alguien lo observaba desde adentro. Cierto día la música, a gran volumen, hizo que se detuviera a escuchar, recordó el vals, Romance de Barrio
"Romance de barrio tu amor y mi amor primero un querer después un dolor"
El corazón bombardeó sus sentimientos, pensó que por fin la vería, pero nadie se asomó. Desde ese momento esperaba con ansias detenerse frente a la ventana, y en su mente idealizó una imagen, la creó hermosa, esbelta dentro de un vestido ceñido al cuerpo, de mirada suave, cabellos largos y sedosos. Así fue convirtiéndose en el amante secreto de una desconocida, a quien lo unía la vibración de la música. La desazón inundó su alma. Observó la foto; una anciana de cabellos recogidos, rostro enajenado, surcado de arrugas, le sonreía. Estrujó la foto, sabiendo que atesoraría en su memoria, el recuerdo de la princesa que despertó su amor al compás de hermosas melodías. Mirando las cuadriculadas baldosas se alejó al tiempo que tarareaba
..." las calles y la luna suburbana y mi amor en tu ventana , todo ha muerto...*ya lo sé*..
Catalina Gutrejde
Publicado en la antología *Sueños de Papel*
Gob.C.de Bs.As. 2007
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