Sentada a la mesa de un coqueto bar junto a mis amigas, festejábamos la proximidad del año nuevo. Entre confidencias, bromas y recuerdos, el tiempo se esfumaba sin detenernos a mirar el reloj. La mesa se colmó de vasos vacíos y anécdotas. De pronto, sin saber de donde, apareció delante nuestro un hombre joven, vestido con capa y galera de blancura imponente. Nos regaló una sonrisa y una pregunta; ¿A quién de ustedes le gustaría desaparecer?. Nos miramos con intriga y lo llenamos de preguntas, evidentemente era un mago. ¡Es un juego tonto!, respondió mi amiga Raquel, ¡no se dejen engañar!. Sin darnos tiempo a responder se levantó de la silla y parándose delante del visitante ofreció su persona para el experimento. Como si la magia surtiera efecto un contorno de luz iluminó la figura de Raquel, y tras una humareda brillante, vimos como se iba desintegrando. Presas de miedo ahogamos un grito, al tiempo que sacudiendo al mago le rogábamos la hiciera volver. Con gran esfuerzo lo intentó, sin lograrlo, y con la rapidez que con que llegó se retiró. Un halo de misterio nos rodeó al tiempo que uniendo nuestras manos elevamos una oración; qué esto sea un sueño.
Pasaron varios años desde aquella noche, desdoblo un recorte de diario guardado dentro de un cajón, leo;" Una mujer fue atropellada por un auto al salir corriendo de un bar. La autopsia comprobó que fue presa del pánico ante una situación difícil ".
Nunca lo pude admitir, a pesar de que vimos como caían las partículas fosforescentes hasta desparecer. No volvimos al bar, hasta hoy, en que decidimos hacerlo, después de tantos años de incertidumbre. Fui la primera en llegar, poca gente en el lugar. Ocupé la misma mesa, mi corazón bombardeaba recuerdos y angustias. Me estremecí en la silla hasta que llegaron mis amigas. El mozo se acercó gentilmente y pedí trago largo para todas. Un corte de luz nos sobresaltó, rápidamente sobre las mesas parpadearon las velas. De pronto lo vi, reflejado en un espejo. La misma ropa, ¡no podía creerlo!. Se acercó a nosotras, sin decir palabra me cedió su vestimenta, luego murmuró algo en mi oído y volvió a desaparecer. Una fuerza extraña se incorporó a mis sentidos. Los poderes que el mago me trasmitió debía utilizarlos de inmediato. Mis amigas me miraron con el mismo desconcierto de aquella vez. Parada junto a ellas extendí mis brazos, rayos rosados envolvieron el lugar, el revoloteo de alas angelicales nos sumergió en un sopor indescriptible.
Volvió la luz y la alegría se hizo presente, el tintinear de las copas en brindis, burbujas danzando y la voz de Raquel pidiendo un deseo:" Brindo por que la magia que nos une en amistad, nos siga acompañando a pesar de los tropiezos..." Sus palabras quedaron grabadas en el aire, al tiempo que detrás de una ventana un mago sonriente saludaba antes de perderse en la nada.
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